Gibbeting, el castigo inglés que se usaba para dar ejemplo

Autor

Categorias

Comparte

La historia está cargada de hechos y castigos tan crueles que hoy hacen que cualquiera se estremezca. Una práctica en particular, que en inglés lleva por nombre “gibbeting”, resultaba tan angustiante que incluso quienes lo presenciaban quedaban traumatizados.

Esta horrenda condena consistía en confinar a los criminales en reducidas jaulas con forma de cuerpo humano, donde los acusados apenas podían moverse.

En algunas ocasiones, la persona era colgada en la horca antes de introducir su cuerpo inerte en la jaula. Otras veces, el condenado moría dentro de la jaula producto del hambre, del calor, de las atrofias musculares o de otras inclemencias.

De cualquier forma, la jaula permanecía expuesta al público durante décadas. Todos eran testigos de cómo el cuerpo iba descomponiéndose, y cómo los bichos lo atacaban hasta dejar solo un esqueleto.

Gibbeting: los castigados

Este sádico castigo no se infligía a todos los criminales por igual.

La práctica se empezó a realizar en la Edad Moderna en Inglaterra, alrededor del año 1740, y era una forma de dejar claro lo que les sucedería a las personas si no se respetaban las leyes. En otras palabras, los condenados eran usados públicamente después de su muerte como una advertencia.

Sin embargo, fueron muy pocos quienes sufrieron esta penalización.

En primer lugar, este tipo de condena solo se aplicaba a hombres. Las mujeres resultaban muy interesantes para ser estudiadas por los médicos de la época, por lo que sus cuerpos eran disecados con fines científicos.

En la mayor parte de los casos, los hombres también eran disecados con el mismo propósito, por lo que la práctica de este castigo no fue tan frecuente como algunas crónicas recientes afirman.

Era un hecho tan raro, que los herreros tenían que diseñar jaulas diferentes cada vez, pues no había un patrón establecido a seguir. Algunas jaulas eran holgadas, mientras otras se adaptaban al cuerpo e incluso contaban con un espacio para la nariz.

Autor

Compartir